Pierre de Lancre, cazador de brujas (I)

14/05/2012

A inicios del siglo XVII la cantidad de denuncias sobre la presencia de hechiceras en el País Vasco francés provocó que el rey Enrique IV enviara a un cazador de brujas para eliminar el mal. En mayo de 1609 se instaló en el castillo de Sempere el magistrado Pierre de Lancre, dotado de plenos poderes para erradicar los sabbats, las misas negras, la licantropía y el dominio de Satanás sobre la región.

Escena de sexo en el Sabbat (Michael Heer)

A lo largo de la historia se ha demostrado que la religión resulta insuficiente para responder a la complejidad de los sentimientos y necesidades humanas. Cuando las plegarias no logran la curación del ser amado, cuando no es lícito rezar a Dios para que extermine a los adversarios o nos favorezca en un amor culpable, muchos ponen sus esperanzas en la magia. De ahí el recurso en secreto a magos y brujos. Y también a Satanás, los diablos y todas las supuestas fuerzas del mal.

En la Edad Antigua se pensaba que brujas y magos obtenían sus poderes de la Naturaleza o de los santos. Según avanzaba la Edad Media y la Iglesia se convertía en el único intermediario válido entre el ser humano y el Más Allá, comenzaron a tomarlos del Demonio. Las razones de este cambio son varias. En el plano teológico, la difusión de las doctrinas dualistas cátaras extendió la idea de la presencia terrena del mal. Desde un punto de vista social la magia se feminizó. Aunque la creencia de que ciertas mujeres, en especial las comadronas y curanderas, usaban pócimas para curar y matar fue expuesta ya por Platón, durante la Edad Antigua y la Edad Media la función mágica había sido compartida con los hombres. Cuando se convirtió en una actividad femenina también se transformó en algo ilícito y punible. El proceso de reglamentación de una sociedad cada vez más compleja también jugó su papel. A finales de la Edad Media los requisitos para la concesión de licencias médicas cercenaron las actividades de la mujer en esta labor, mientras que una Iglesia misógina monopolizaba el plano espiritual.

 

Castillo Sempere, cuartel general de Lancre

En un contexto de hambrunas y escasez tras tres siglos de expansión, los europeos se fueron haciendo cada vez más intolerantes, con su comportamiento regido por un inconsciente paranoico e irracional. Se perseguía a las mujeres y a las minorías. Se perseguía a los judíos, a los gitanos, a los leprosos… Se consideraba la lepra como una enfermedad del alma, causada por la corrupción moral y el pecado, un indicativo del mal. El carácter de la represión también cambió. Si durante siglos la brujería se había tolerado o se penó con simples multas – lo que en realidad sólo suponía aplicar un tipo impositivo a una actividad económica – pasó a considerarse una herejía castigada con la muerte. Tras quemar a albiguenses y cátaros, tocaba llevar a la hoguera a las brujas.

Súcubo

Esta obsesión demoníaca tuvo su mejor sanción en una bula de 1484 del papa Inocencio VIII: Ha llegado a nuestros oídos que miembros de ambos sexos no evitan la relación con ángeles malos, íncubos y súcubos y que, mediante sus brujerías, conjuros y hechizos sofocan, extinguen y echan a perder los alumbramientos de las mujeres. Inocencio VIII encomendó a los monjes Kramer y Spren

ger que escribiesen un manual para descubrir, juzgar y ejecutar a los culpables. El “Martillo de brujas” se editó en 1486. Como se tuvo la astucia de decretar la expropiación de bienes de los procesados, la persecución podía constituir incluso un buen negocio. En materia de brujas los protestantes dieron la razón al Papa durante los siglos XVI y XVII. Fue el jurista y filósofo francés Jean Bodin quien en 1580 terminó de perfilar los aspectos legales de la persecución. En su obra “Demonomaniae” formuló así la definición de la bruja: Quien, conociendo la ley de Dios, trata de hacer algo mediante un pacto con el diablo.

 

El momento álgido de la persecución fue la primera mitad del siglo XVII. Algunos autores calculan en más de 60.000 las sentencias de muerte ejecutadas durante este período, si bien parece que la cifra debe corregirse a la baja. Gran parte de los procesos se produjeron en las regiones fronterizas de Francia en 1609, 1628-30 y 1657-59. No era el Santo Oficio el encargado de los procesos – en Francia el Gran Inquisidor tenía sobre todo funciones honoríficas – sino la Universidad de París y los parlamentos, tribunales regionales. De la caza de brujas en Laburdi en 1609 disponemos de un testimonio excepcional, el relato de su ejecutor, Pierre de Lancre.

Una región peculiar

El Laburdi, cuyos principales núcleos eran los puertos de San Juan de Luz y Bayona, había pertenecido largos siglos a la monarquía inglesa, lo mismo que Zuberoa, otra región vasca del interior. Entre ambas se ubicaba la Baja Navarra, merindad del reino de Navarra al norte del Pirineo. Entre 1449 y 1451 tanto Laburdi como Zuberoa pasaron al reino de Francia mediante una convención por la que la Corona aceptó respetar sus Fueros, algo recortados. La monarquía gala, reconociendo la desventaja de la vecindad con un reino potencialmente enemigo como Castilla, aceptó que los habitantes portasen armas, mantuviesen sus privilegios comerciales y que los vecinos de cada parroquia pudiesen reunirse libremente para tratar de sus necesidades. Estas ventajas no convertían a la región en una Arca

dia feliz. Los habitantes no pasaban de 30.000 y el país estaba aislado por tierra: hasta 1789 no se creó un servicio regular de diligencia con Burdeos.

Durante el siglo XVI las guerras fueron frecuentes en Laburdi y Baja Navarra. En septiembre de 1512 las tropas del duque de Alba ocuparon el reino de Navarra, incluida la parte al norte de los Pirineos. Sus depuestos reyes, también vizcondes del Bearn, pasaron a residir en Pau. Tras nueve años las guarniciones castellanas se retiraron al sur del Pirineo, aunque la tensión continuó en la frontera hasta la firma del tratado de Vervins en 1598, por el que ambas coronas aceptaban los límites fronterizos. La paz internacional posibilitaba conseguir la paz interior, eliminando a los heterodoxos.

 

Antecedentes brujeriles

En la Baja Navarra la brujería presentaba gran raigambre y además había repuntado durante las guerras de religión. Los primeros casos conocidos databan del siglo XIV, cuando se comenzó a perseguir a las llamadas herboleras o faytilleras, acusadas de asesinar mediante venenos. En 1329 el lugarteniente de Labastida, apoyado por una partida de 17 hombres, emboscó a Juana la leprosa, a la que quemó junto con otras 4 mujeres. Hay nuevas ejecuciones en la hoguera en 1330, 1338, 1342, 1349 y 1370. En algunos casos los acusados fueron nobles, procesados por asesinato y licantropía. También hubo juicios contra un linaje de leprosos, los agotes, cuya enfermedad infame se transmitía de generación en generación. A partir de 1450 las acusaciones ya no hacen hincapié en el asesinato, sino en el culto al demonio.

Sabbat, del grabador Michael Heer

A lo largo del siglo XVI los valles bajonavarros protestaron ante los Estados Generales del Bearn porque el país estaba invadido de brujas y echadores de suerte y exigían que cada valle pudiera elegir a dos hombres buenos para perseguir a los hechiceros. Los gastos correrían a costa de los encausados o de un nuevo impuesto. El provincial de Aquitania envió dos jesuitas vascos para pedir mesura y clemencia, pero su gestión resultó infructuosa.

En Laburdi la caza de brujas se inició más tardíamente, pero desde 1576 hubo procesos y duras sentencias. El orden público estaba bastante alterado y se utilizaba la violencia para resolver las disputas al margen de la vía legal. Las banderías nobiliarias ensangrentaban el país y en ellas la acusación de brujería resultaba habitual. Los rumores sobre la frenética actividad brujeril traspasaban la frontera. En 1607 la pérdida de la armada de Antonio de Oquendo frente a la costa de Laburdi, con 800 muertos, se atribuyó a las maléficas de la región. Las Juntas Generales de Guipúzcoa tomaron medidas para evitar el contagio y prohibieron bajo castigo de 100 azotes que los pobres cruzasen la frontera.

 

Pierre de Lancre, cazador de brujas

Lilith (John Collier)

Pierre de Lancre nació en Burdeos en 1553, en el seno de una familia oriunda de la Baja Navarra. Su abuelo, Bernardo de Rosteguy, era un viticultor que había emigrado en 1510 a la región de la Gironda. Su padre compró el cargo de notario y pasó a ser “señor de Lancre”. Pierre estudió con los jesuitas, doctorándose en derecho en 1576 y completó su formación jurídico-teológica en Turín y en Bohemia. Gracias a su c

onocimiento del italiano fue nombrado tutor de Pedro de Médicis, lo que le dio acceso a la Corte. En 1582 le nombraron consejero del Parlamento de Burdeos

Esta brillante carrera no implicaba una inteligencia brillante. Lancre era un fanático obtuso, incapaz de toda autocrítica, para quien cualquier heterodoxia constituía un punible atentado al orden social. Incluso consideraba un gran delito dudar de la existencia de las brujas. Su origen vasco no implicaba ninguna simpatía hacia los habitantes de la región. Al contrario, como noble de toga, urbano y comercial, funcionario del estado, detestaba el mundo rural y marinero de Laburdi. A su familia los títulos le habían costado dinero y no compartía que aquellos labortanos se llamasen señoras y señores de tal casa, cuando tales casas, en realidad, no son otra cosa que pocilgas. Detestaba sobre todo sus costumbres más libres, destinadas a desaparecer en una época en que el estado y la Iglesia Católica se consolidaban. La forma de vestir, las danzas… le parecían fruto de la influencia demoníaca. Su misma vida cotidiana, con unos hombres que pasaban gran parte del año en las pesquerías de Terranova y del Canadá, regresando en invierno para malgastar el dinero ganado y volver a la mar para la campaña siguiente, le infundía sospechas. ¿A qué se dedicaban mientras tanto sus mujeres?

En mayo de 1609 Enrique IV envió a este hombre al Laburdi para aclarar la verdad en las acusaciones de brujería.

 

El trasfondo del proceso

Escudo de los Urtubia, promotores del proceso de brujeria

A diferencia de otros casos, se conoce bien el trasfondo real del proceso por una relación de 1610 del obispo de Pamplona, a quien los espías católicos de la región mantenían bien informado. Tristán de Urtubia, un señor feudal con castillo a tres kilómetros de San Juan de Luz, mantenía un enfrentamiento comercial con las autoridades municipales por el uso de un puente y del puerto. Como también poseía solares al sur de la frontera – su linaje era originario de Vera del Bidasoa – la Corte francesa le dejaba hacer, temerosa de que apoyase las reivindicaciones de los Austrias sobre la Baja Navarra. En 1605, diecisiete miembros del clan Urtubia fueron apresados por las autoridades de San Juan de Luz. El municipio los acusó de brujería y pidió al parlamento de Burdeos que enviase una comisión para investigar sus crímenes. Esta comisión liberó bajo fianza a cinco y encerró a doce en Burdeos. Los Urtubia se vengaron apaleando a las dos videntes que habían realizado las acusaciones. Las videntes a su vez denunciaron que sus agresores les habían

obligado a beber una pócima mágica. El 24 de junio de 1607 una docena de caballeros embozados del clan Urtubia irrumpieron en San Juan de Luz, hiriendo a varios vecinos. Al día siguiente se produjo una batalla campal entre la clientela de los Urtubia y los favorables a las autoridades municipales.

A inicios de 1609 fue Tristán de Urtubia quien esgrimió la acusación de brujería. Torturó a un par de ancianas para que le proporcionasen una primera lista de endemoniados y requirió al monarca que enviase una comisión para acabar con el problema. El rey Enrique IV probablemente conocía la realidad pues anteriormente había sido monarca de la Baja Navarra. En asuntos de religión era bastante frío – el papa Sixto V lo había excomulgado años atrás – pero, como buen político, sabía que los procesos judiciales aumentaban la sumisión al poder. Encomendó la misión al consejero real Espaignet y a un miembro del parlamento de Burdeos, Pierre de Lancre. Les proveyó de plenos poderes. Toda oposición a sus pesquisas y actuaciones sería considerada un acto de rebeldía.

Tormento de la cuerda

 

 

La caza

Ambos consejeros llegaron en mayo de 1609, aunque Espaignet se retiró a las pocas semanas. De Lancre se estableció en San Juan de Luz y durante cuatro meses se dedicó a descubrir y eliminar a los brujos. Con la ayuda de algunas muchachas, especialmente la vidente Morguy, de 17 años, maravillosamente hábil para descubrir a los brujos por la marca que el demonio estampaba en su cuerpo, logró identificar hasta 3.000. Algunos eran los propios párrocos, especialmente aquellos que bailaban y jugaban a pelota, muestra de su pacto infernal.

Pese a estas hinchadas cifras, Lancre creía que estaba lejos de haber llegado al fondo del asunto, pues se afirmaba que en un gran akelarre celebrado en Hendaya se habían congregado 12.000 brujos. En mayor o menor grado, casi todos los habitantes de la región estaban contaminados. Lancre buscó una explicación seudoracional a esta enorme densidad demoníaca y brujeril. La encontró en que las misiones católicas de las Indias y Japón habían expulsado de allí a los diablos y éstos habían volado hasta Laburdi: Muchos ingleses, escoceses y otros viajeros que vienen a cargar vinos a esta ciudad nos han asegurado haber visto durante su viaje tropas de demonios en forma de hombres espantosos que pasan a Francia. Según Lancre, Satanás contraatacó y envió a tres brujas para asesinarlo cuando se hallaba en el castillo del señor de Amou, pero escapó ileso.

Las cuevas de Sara, otro de los enclaves del akelarre

Tras concluir el proceso comenzaba la quema. Aunque frecuentemente se han barajado cifras desorbitadas – algunos historiadores cifraron en 700 las ejecuciones, lo que hubiese supuesto el 2´5% de la población – parece que el número real de ajusticiados estuvo entre  60 y 80. Otros morirían en prisión durante la causa. Los religiosos quemados fluctúan entre tres y siete según las fuentes. Entre ellos el vicario de Ascain quien a sus 75 años acudía, según acusación de sus feligresas, raudo a las orgías. O el párroco de Ciboure, que oficiaba misas negras. Les despojaron de sus hábitos y quemaron en la hoguera. Aún así, Lancre consideraba que las autoridades locales le habían saboteado al permitir la huida de cinco religiosos encarcelados. Los juicios provocaron un enorme pánico, sobre todo porque se rumoreaba que Lancre estaba convencido de que Satanás se había adueñado de la región y con tiempo colgaría o quemaría a todos sus habitantes. Quienes se consideraban en mayor peligro huyeron a España fingiendo peregrinar a Santiago o Montserrat.

Portada de la edicion de 1613 del libro de Lancre

Cuando los cinco o seis mil pescadores que faenaban en la campaña de Terranova volvieron a tierra, no daban crédito a lo que encontraron. Muchas de sus esposas e hijas estaban procesadas o a la espera de ser quemadas. Estos marinos estaban avezados en la violencia – simultaneaban la pesca con la piratería y el corsarismo -  y, con motivo de la ejecución de Marie Bonne en San Juan de Luz, se rebelaron. El obispo de Bayona, Echauz, aprovechó la coyuntura para escribir al rey solicitando la sustitución de Lancre. El Parlamento de Burdeos lo llamó y éste abandonó rápidamente la región llevándose algunos detenidos. Los jueces que le sustituyeron fueron benevolentes y liberaron a los acusados que habían sobrevivido a las torturas y a las duras condiciones del encierro. Oficialmente no se censuró la actuación de Lancre e incluso fue promocionado: en 1611 lo nombraron consejero real y continuó en el parlamento bordelés hasta 1616. En 1620 el mismo rey le concedió un gran honor al visitarlo en su mansión en Cadillac. Lancre vivió sus últimos años recluido, escribiendo nuevos libros hasta su muerte en 1631

Respecto al Laburdi, se encargó a los jesuitas sacar del terror colectivo a las masas y devolverles la tranquilidad. Objetivo logrado muy lentamente porque el 18 de marzo de 1619 en San Juan de Luz la portuguesa Catherina Fernández escupió la hostia después de comulgar. Aunque juró y perjuró que era cristiana y que la había expulsado por un acceso de tos, al anochecer el populacho la sacó de la sacristía donde estaba detenida y la quemó viva en la plaza pública. Tampoco se arreglaron los desajustes sociales: en agosto de 1612 el señor de Moisset fue retenido por los vecinos de Ustaritz porque no admitían que este noble cazase en sus tierras.

 

En un próximo artículo analizaremos el tratado de demonología que escribió Pierre de Lancre: Tableau de l´inconstance des mauvais anges et démons où il est amplement traité des sorciers et de la sorcellerie. Obra que junto con “El Martillo de Brujas” de los monjes Kramer y Sprenger y “Demonomaniae” de Jean Bodin constituye la trilogía esencial en materia de pacto diabólico.

Mikel Rodríguez
(Publicado originalmente en el nº366 de Historia 16 (octubre 2006)


Los “40 Principales”: Soy Leyenda (Richard Matheson)

12/05/2012

En 1954 sale al mercado una novela que va a cambiar para siempre la fisionomía de una de las criaturas más típicas de la literatura de terror. Richard Matheson conseguiría a través de su obra una influencia que es fundamental para entender buena parte del fenómeno vampírico pre-Crepúsculo.

Pero no sólo eso. También es una de las novelas más importantes que nos ha dado la literatura del género en el siglo XX por su forma de transformar la historia fantástica en una metáfora cruel y sin compasión del alma humana, del sentir humano, de nuestra sociedad.

La novela en cuestión (sí, lo habéis adivinado por el título del artículo) es Soy Leyenda (original I Am Legend), y hoy día ha saltado a la actualidad más que nunca a raíz de su adaptación a la pantalla grande, protagonizada por Will Smith, hace unos pocos años (de la que, por cierto, está prevista la secuela). No era la primera adaptación que tenía al cine, ya en 1964 Vincent Price se colocó el manto de ser El último hombre sobre la Tierra (L’ultimo uomo della terra) y, posteriormente, Charlton Heston sería El último hombre… vivo (The Omega Man). Eso sin contar con la inestimable colaboración de Asylum al mercado de cine serie W con su Yo Soy Omega (I Am Omega).

Ninguno de los anteriores coqueteos con el cine, no obstante, ha resultado capaz de mostrar (o más bien, ninguno se ha atrevido a enseñarnos) lo más importante que tiene esta historia, ese puñetazo moral al estómago con el que termina y que da sentido tanto a su título como a su fama. Y eso que la primera de las versiones fue guionizada por el propio Matheson.

Vamos a analizar en profundidad la novela y lo que ésta representa. Pero para ello habrá que hablar de su trama, de su desarrollo y de su apoteósico final. Intentaré constreñir los spoilers y señalizarlos bien para aquellos que no la conozcan.

Lo más importante que decir ante una novela como Soy Leyenda es que es terriblemente entretenida. Richard Matheson cuenta la historia de Robert Neville con una habilidad increíble, sosteniendo el tempo de la narración cuando quiere aumentar la tensión y soltándolo como un mazazo contra el rostro del lector.

Porque todo lo que diremos a continuación es importante y hace que su lectura sea más que recomendable. Pero nada de eso sería lo mismo si no estuviera sostenido por una prosa magnífica en su tarea de llevarnos allí donde Matheson quiere.

Hemos dicho de ella que es una de las novelas más importantes del género, pero no hemos especificado de qué género. Buena parte del mérito que tiene la novela es que se sublima a sí misma, de forma que un relato inicialmente de terror, además con una de las criaturas más clásicas del género como protagonista indiscutible, se transforma en manos de Matheson en una historia de ciencia ficción post-apocalíptica y termina destilándose en forma de fábula social con moraleja sangrante.

Robert Neville es un personaje muy particular. Ejerce el arquetipo de anti-héroe solitario no por propia voluntad, sino porque no hay nadie más en el planeta que pueda hacerle compañía. Así, vemos en los primeros compases de la novela su rutina diaria. ¿Cuál sería el día a día del último superviviente del mundo? La respuesta a esta pregunta corresponde al primer tramo de la novela. En él, Matheson nos da algunos datos confusos que hasta más adelante tendrán sentido, en forma de anzuelos repartidos en su narración.

Soy Leyenda es una historia cruda. Muy cruda. La rutina de Neville es un camino directo hacia los pozos de la locura. Cada día recorre Los Ángeles buscando provisiones, repara su hogar (su fortaleza) y, de paso, se dedica a cazar a cuanto vampiro se encuentre en estado de letargo.

La imagen clásica del cazavampiros, ese personaje romántico que se condensa en el cuerpo de Van Helsing, es triturada para atravesar la lente del hombre desesperado. Robert no llega a los hogares infestados, crucifijo en mano y maletín presto, con la solemnidad de quien está haciendo una labor sagrada. Ese pequeño acto místico, esa escena paradigmática e icónica del cazavampiros clavando la estaca en el pecho de la criatura, que nos llama a pensar en catacumbas heladas, ataúdes abiertos y seres demoníacos retorciéndose de dolor ante la herida mortal, desaparece con Matheson. No. Matheson nos enseña un cazavampiros sucio y decadente que influirá en este personaje durante el resto del siglo. Los cazavampiros de John Carpenter, los accidentales supervivientes de Abierto hasta el amanecer o incluso algunos detalles del Blade fílmico son herederos directos de nuestro Robert Neville.

Éste se dedica a su labor de forma triste y melancólica. Sabe que no puede ganar, el resto de la población mundial está en su contra. A veces tiene que asesinar a niños o mujeres. Y aún así lo hace, de forma maquinal, en un modo quijotesco lleno de ocres y melancolía.

Entonces cae la noche. Robert se atrinchera en su hogar, en la única defensa que tiene contra los vampiros, y la fiesta empieza. Porque los que le esperan fuera no son zombies o zompiros descerebrados. No. Le esperan personas, y personas realmente cabreadas. Atacan la casa, se acercan a ella todo lo que los ajos y espejos les permiten, insultan y lanzan objetos. Las mujeres se levantan las faldas y se quitan los sujetadores. Y Robert, que es un hombre, las mira y se siente torturado por su lascivia y su libido. Su vecino le llama, le insulta y le reta a salir. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que los ataques no sólo vienen del exterior. También en su corazón está el enemigo, en el recuerdo de su mujer y su hija, muertas hace ya tres años, que lo tortura. Y él aguanta lo mejor que puede, con música clásica y alcohol, la llegada del día.

Queda claro, si hay algún personaje en la literatura universal que pueda representar la soledad, ese es Robert Neville. La imagen de un hombre caminando por calles vacías, buscando desesperadamente algo que sabe que no va a encontrar, anhelando lo que ya no tiene. ¿Acaso es casualidad que el protagonista de Abre los ojos se encuentre en la misma tesitura? ¿No es impresionante la imagen promocional del filme de 2007? El miedo a no tener a nadie más, ese miedo atávico de los animales gregarios que somos, condensado.

¿Qué es lo peor del Apocalipsis? El ser su único superviviente.

Su angustia nos posee, nos llena de tristeza y nos atrapa en las páginas de Matheson. Ya sólo eso eleva a un trono esta historia.

Pero lo más impresionante que tiene la idea de Robert encerrado en su hogar, abucheado por los que antaño eran sus compañeros y sus amigos, torturado por su soledad y sus recuerdos, es su potencial metafórico. ¿Cuánta gente vive así hoy día? Su hogar es su baluarte, y fuera de éste sólo hay cosas distintas, cosas que odia y que le acechan e intentan entrar. Y él se aisla voluntariamente, intentando evitar por todos los medios que el distinto, el diferente, tenga ningún contacto con él. Aquí Matheson consigue a la vez entroncar con el miedo a la guerra nuclear y bacteriológica que se vivía en su época y generar una metáfora sobre la xenofobia que no pierde un ápice de validez después de más de medio siglo.

Y la novela continúa.

La mayor influencia que tiene Soy Leyenda en el género de terror es, tal vez, la desmitificación del vampiro. Hemos dicho ya que el cazavampiros mathesoniano es molde de los que podemos encontrarnos hoy en el género.

Pero además, Matheson es el primero que arranca a Drácula su capa de mito sobrenatural y, una vez desnudo, lo disecciona bajo el microscopio de la ciencia.

No nos engañemos, hay que suspender hasta cierto punto la credulidad aquí, pues Robert Neville no es un gran científico ni un experto bacteriólogo (cosa que sí han sido sus contrapartidas fílmicas), sino un hombre de la calle que tampoco tiene demasiados estudios. Es él quien, a través del esfuerzo descomunal y de tener un tiempo libre que va más allá de lo imaginable, se refugia en la ciencia para darnos una explicación al fenómeno.

Y no es un virus, como luego sería la norma, sino una bacteria lo que causa la debacle mundial que vive Robert. Una mutación espontánea que desencadena una ola de infecciones. Sólo Robert, aparentemente inmune a ella, queda libre de su influencia.

Esa transformación del vampiro en un ente biológico supone una ruptura absoluta con todos los paradigmas de la literatura vampírica. De alguna forma, Richard Matheson devuelve al vampiro su verdadero origen (si es cierta la teoría de que la leyenda vampírica se asienta en la porfiria, la rabia y las enfermedades relacionadas con la fotofobia, como el síndrome de “X” frágil) y lo transforma de ese momento en adelante en una criatura puramente biológica. Esa idea, que sortea Anne Rice y que pasan de largo las adaptaciones y transformaciones de Drácula, arraiga con fuerza en la mayor parte de las encarnaciones que tiene la criatura tanto en cine como en otros medios.

Pero es más, subvierte otra de las convenciones del mito vampírico para convertirlo en una plaga. Hasta ese momento, el vampiro era una criatura solitaria, un ente degenerado y melancólico que recorría con soledad los siglos. Si acaso, se veía acompañado por una hueste de vampiros menores, pobres humanos transformados por el vampiro principal, que tenderían a ser destruidos o a volver a su estado natural a la muerte del gran patriarca (o matriarca). Los vampiros de Soy Leyenda dominan el mundo, lo pueblan por completo, están por todas partes. La influencia de este texto en la cultura popular, a través de los cómics de vampiros primero y de las películas que adaptan esa visión después, será fundamental para entender las grandes manadas de chupasangres a las que se tienen que enfrentar Blade y sus camaradas.

Así pues, vemos en Soy Leyenda, por un lado una aproximación al horror de la soledad como nunca antes se había demostrado, de una forma tan trágica como intensa; y por el otro, una influencia capital en la mitología vampírica de la segunda mitad del siglo XX. Si estos dos detalles no fueran por sí mismos suficientes para incluirla en la lista de las cuarenta novelas imprescindibles de la HWA, nos queda lo más importante de la novela, lo que la hace ascender más allá de los géneros y la coloca como obra indispensable de la literatura del siglo pasado. Su carga de teoría y crítica social.

Ya hemos hablado de la fuerza que tiene la imagen de Robert Neville como metáfora de la xenofobia y del cierre en contra de la cultura ajena. Pero eso sólo es la superficie del relato. Habrá que indagar en los últimos dos tramos de la novela, los más intensos, para entender por qué ésta se alza por encima de otros relatos de supervivencia o de vampiros.

Así pues, me disculparán los lectores que comente detalles de la trama que son spoiler. Si alguien no ha accedido a esta obra antes (y le aconsejo que lo haga lo antes posible), le recomiendo que no lea lo que queda de este artículo, sino que corra a su librería más cercana y lo obtenga.

Justo antes de que comience el espectacular final de la novela con la aparición del personaje de Ruth, es preciso reseñar el que es uno de los capítulos más intensos y magníficos de la novela. En éste se condensa toda la habilidad de Matheson para contar historias.

Durante todo un capítulo, Robert nos narra con el corazón en la mano (o al menos el lector tiene el corazón en la mano durante toda su lectura) el cómo se siente cuando al fin encuentra a otro ser vivo. Un perro. Un animal que está libre de la maldición. Compañía. Durante párrafos enteros se nos narra cómo poco a poco el animal tolera la presencia de Robert, cómo se va aproximando, cómo lo atrae con comida y consigue al fin llevarlo a su hogar.

Y luego el perro muere. En una frase. Sin compasión, sin esperanza. El único momento de paz que puede tener Neville arrebatado sin más explicación.

Es en ese contexto, el de una persona que lo ha perdido todo y lo poco que ha conseguido lo ha perdido nuevamente, en el que aparece Ruth. La que camina bajo el sol. ¿Es de extrañar que Neville tenga tanto anhelo y tanto recelo a la vez? Es aquí, con el personaje protagonista bailando entre la desesperación de no tener a nadie más y la paranoia propia de haber sobrevivido a las tretas de los vampiros, cuando la narración empieza a alcanzar niveles de genialidad. Nosotros nos preguntamos lo mismo que Robert, deseamos lo mismo que él, tememos lo mismo que él. Empatizamos a tal nivel con el personaje que, durante todo ese capítulo y su resolución, somos uno con él. Y este detalle es fundamental. Porque hasta entonces no te has dado cuenta de cuánto has empatizado con él, ha sido un proceso gradual desde los primeros compases hasta que, de repente, te ves arrastrado por el torbellino de emociones que siente el protagonista.

Cuando descubre la verdad, el lector se siente tan traicionado como él.

Al fin suenan fuegos artificiales, la traca final está a punto de llegar y es sólo una frase. Pero antes de eso, el infierno se desata.

La escena del ataque de los nuevos vampiros contra los antiguos está tan llena de desesperación que llena de congoja. Los gritos desesperados de Robert, rogando que no asesinen a su vecino, que él no, que debe ser Robert quien lo mate, no ellos, están cargados de un sentimiento tan humano que asusta.

El epílogo de la novela transcurre en una jaula, con Ruth y Robert enfrentados de nuevo. Ella ya no puede salvarlo, él va a ser ajusticiado públicamente.

¿Y por qué en público? Se pregunta Robert. Es aquí, y justo aquí, donde todo lo anterior queda ensombrecido por la Gran Idea, el verdadero misterio tras el nombre. El sentimiento último que queda en el paladar del lector, amargo. Muy amargo.

Richard Matheson no sólo se pregunta qué hace en su día a día el último hombre de la Tierra. Se pregunta qué hacen los vampiros cuando ya no son minoría sino mayoría. Y su respuesta no puede tener más sentido. Las criaturas que ha creado, estos vampiros biológicos frutos de la simbiosis con una bacteria, han superado sus limitaciones, se han reunido y han comenzado a fabricar una nueva sociedad.

Una sociedad en la que Robert Neville, el humano, no tiene cabida. Porque, ¿qué es Robert Neville en este mundo nuevo? El monstruo que llega y asesina al dormido, la criatura que los niños temen cuando van a acostarse. Él, el último humano, es el que debe recoger la capa que fue arrancada de Drácula y vestirla con orgullo. Porque se ha convertido en el mito que camina bajo el sol y porta una estaca en la mano.

En un mundo en el que todos son distintos, el que no lo es es el extraño. A nadie se le escapa que esta es la metáfora del mundo global en el que vivimos. Robert Neville, último representante del W.A.S.P., debe enfrentarse a la verdad: él es el distinto, él es la minoría. Matheson nos inculca sin darnos cuenta una moraleja que cobra más sentido a cada paso que da nuestro mundo.

Dejamos al fin a Robert, en la víspera de su ejecución, observando el miedo en los vampiros que le observan. Y tiene la revelación.

“Soy leyenda”.

Una frase que, en ese momento, en ese estado emocional en el que te ha llevado el libro, tiene la fuerza y la potencia para destrozar no los convencionalismos de un género, sino la estructura mental de una sociedad.

Hay muchos motivos para alzar Soy Leyenda a un altar. Pero esa frase, sólo esa frase, hace que esto no sea un mero libro de vampiros.

Esto es Literatura.

Juan José “Vlad_Temper” Hidalgo Díaz

 


Los “40 Principales” de la Horror Writers Association

10/05/2012

Hace 16 años, los compañeros de la HWA (Horror Writers Association) se pusieron de acuerdo para crear una de las listas clave a la hora de introducir en la lectura del horror al nuevo público, o simplemente para familiarizarse con algunos de los clásicos y los “superventas” de la ficción oscura.

Por lo tanto es una lista peculiar, complementaria a sus famosos premios Bram Stoker, realizada por votación dentro de los integrantes de la HWA en 1996, donde evidentemente faltan las últimas publicaciones del género de los últimos años e incluso algunas de estas obras ya estarán descatalogadas, pero no deja de ser una recopilación estupenda que cualquier aficionado al género deberá tener en cuenta a la hora de revisar su biblioteca personal.

Así pues, durante las próximas semanas, los miembros de Nocte nos pondremos manos a la obra para analizar y comentar la mayoría de las obras aquí presentes, trayéndolas al autor que aún no se atrevió con ella o, simplemente, quiera saber un poco más de unas obras imprescindibles del terror.

Sin más historias, os dejo con dicha lista, con sus títulos originales y confeccionada por orden alfabético:

  • Best Ghost stories de Algernon Blackwood
  • The Exorcist de William Peter Blatty
  • Something Wicked This Way Comes de Ray Bradbury
  • Lost Souls de Poppy Z. Brite
  • The Hungry Moon de Ramsey Campbell
  • The Between de Tananarive Due
  • Darklands de Dennis Etchison
  • Raven de Charles L Grant
  • Dead in the Water de Nancy Holder
  • The Haunting of Hill House de Shirley Jackson
  • The Lottery and Other Stories de Shirley Jackson
  • Turn of the Screw de Henry James
  • The Ghost Stories de M.R. James
  • Dr. Adder de K.W. Jeter
  • The Metamorphosis and Other Stories de Franz Kafka
  • Pet Semetary de Stephen King
  • The Shining de Stephen King
  • The Stand de Stephen King
  • Skin de Kathe Koja
  • Dark Dance de Tanith Lee
  • Conjure Wife de Fritz Leiber
  • Rosemary’s Baby de Ira Levin
  • Songs of a Dead Dreamer de Thomas Ligotti
  • Lovers Living, Lovers Dead de Richard Lortz
  • The Dunwich Horror and Others de H.P. Lovecraft
  • At the Mountains of Madness de H.P. Lovecraft
  • The Hill of Dreams de Arthur Machen
  • Tales of Horror and the Supernatural de Arthur Machen
  • Sineater de Elizabeth Massie
  • I Am Legend by Richard Matheson
  • Relic by Douglas Preston and Lincoln Child
  • Frankenstein by Mary Shelley
  • Book of the Dead edited by John Skipp and Craig Spector
  • Ghoul by Michael Slade
  • Vampire Junction by S.P. Somtow
  • The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde by Robert Louis Stevenson
  • Dracula by Bram Stoker
  • Some of Your Blood by Theodore Sturgeon
  • Phantom by Thomas Tessier
  • Sacrifice by Andrew Vachss

 


DARKLY YOURS: antología de horror española en inglés

03/04/2012

Ediciones Tusitala está abierta a nuevos textos para un novedoso proyecto: la antología de amor macabro “Darkly Yours”, la primera antología de relatos de horror en inglés publicada en España. Más adelante, existe la posibilidad de que traduzcamos los textos y publiquemos el libro en castellano.

A jamais, por Séverine Pineaux
“Darkly Yours” trata sobre amor y oscuridad, sin importar el punto de vista (cuanto más sombrío mejor, no obstante). Relaciones personales desde un ángulo extraño, por así decirlo. Las historias pueden ser de horror, fantasía oscura, incluso ciencia ficción, siempre que el amor sea esencial en la trama y exista un giro hacia lo oscuro y siniestro.
La antología incluye relatos de escritores anglosajones e hispanohablantes.

Ediciones Tusitala es una asociación cultural sin ánimo de lucro, dedicada a esta clase de arriesgados y quijotescos proyectos desde 2003. Ya publicamos un número en francés de nuestra revista española SABLE, y una antología de terror/CF: INCUBO… en italiano.

 

Envío de textos:

Palabras: 3000-8000.

Times 12, espacio sencillo. Formato RTF. NO se acepta .docx.

Los relatos deben ser EN INGLÉS (innegociable) y totalmente inéditos, no habiendo aparecido impresos ni en formato digital alguno (ebook, blogs…)

Datos de contacto incluidos en el mismo fichero.

Fecha límite para enviar textos: 30 de abril de 2012.

Los autores seleccionados recibirán una copia gratuita del libro.

Saludos.

 

Fermín Moreno

Tusitala Ediciones – Zaragoza

http://tusitalaediciones.blogspot.com/

info_sable(at)wanadoo.es

Grupo Darkly Yours en Facebook


V Premio Liter: Miguel Puente ganó este año con su relato “Dentro de mí”

27/03/2012

El V premio Liter de relato de terror, que otorga la asociación oscense Oskafriki, ha recaído este año en el cuento titulado “Dentro de mí”, del escritor Miguel Puente Molins, miembro de la Asociación Española de Escritores de Terror Nocte. El segundo puesto fue para “Discontinuidad inevitable”, de Fernando Lafuente; y el tercero para “Baja voluntaria”, de José María Pérez.

Todos ellos recibieron el correspondiente diploma acreditativo.

Miguel Puente señaló que “este premio supone mucho para mí no sólo por el orgullo que uno siente al destacar entre las 300 obras que optaban al concurso, sino además por la leyenda que le rodea”. Se refirió a que, según se asegura en el ámbito del terror, todo aquel que gana este premio publica un libro propio al año siguiente. “Tengo una novela en busca de editor; por eso sentí la imperiosa necesidad de participar”, manifestó.

 

Miguel Puente (a la izquierda) recibe el galardon de manos de Diego (asociación Oscafriki)

 

“Dentro de mí” es “una breve historia inquietante y onírica, que alterna dos hilos argumentales, uno puramente fantástico y otro más mundano y emotivo, dejando que ambos interaccionen con el mismo protagonismo. Es un ejemplo de cómo una historia puramente lovecraftiana también puede ser slipstream”, según palabras del autor.