
Ayer estuvo Ismael Martínez Biurrun presentando “El Escondite de Grisha”, su cuarta novela, en Barcelona. Con la anterior, “Mujer abrazada a un cuervo”, ganó este verano su segundo Premio Celsius de Novela y se postula al Premio Ignotus que se falla en Mislata dentro de dos semanas. También está entre los finalistas de este año al Premio Nocte de relato, el de novela lo ganó con “Rojo alma, negro sombra”.
Una trayectoria imparable para un autor que no se amilana ante escollos tan duros como la mirada del niño dos veces huérfano que sale en la portada de su último trabajo, a saber: un personaje principal torcido en primera persona y cuyo misterio no se explica hasta que la novela queda vista para sentencia, una huída enloquecida que no se detiene hasta que todo estalla, escritura automática, liquidadores, un bibliotecario capaz de detener suicidas con la mirada, el lugar más contaminado de la tierra, un guante de siderurgia que aparece de repente en el pasamanos de un edificio vacío… Y lo mejor de todo es que “El Escondite de Grisha” (Salto de Página, 2011) tiene la prosa más brillante del navarro, para muestra un botón, el primer párrafo del libro es uno de los mejores arranques que se hayan visto en el panorama:
Este duende tiene los ojos grandes y encenagados como dos charcos de tormenta. Las puntas de sus orejas asoman lívidas entre la pelambre, igual que su nariz, porque para él no existe otra estación que el nevado y tieso invierno. Así lo han dibujado: aterido. Lleva un sombrero picudo sobre la cabeza y un chaleco pegado al cuerpo, todo de color ceniza, un continuo de pieles sucias y remiendos como cicatrices. Acuclillado, la barba de chivo le cuelga por entre las rodillas hasta el suelo, donde se enrosca en una serpentina gris. Pero lo que distingue a este duende de cualquier otro, lo que te empuja primero a acercarte y luego a apartar la vista de él con un estremecimiento, es su gesto. Su envenenada sonrisa, partida en dos por el huesudo dedo índice de su mano izquierda: chitón, ni se te ocurra hacer un solo ruido cuando atravieses este umbral, o de lo contrario…

