
(SEGUNDA PARTE, DE TRES)
Mucho tiempo después, te das cuenta que hay vida más allá de las editoriales conocidas, y empiezas a pasar días enteros, tratando de encontrar listados de editoriales pequeñas, que publiquen autores españoles y novelas de género. Vas saltando de un blog a otro, revisando reseñas y sellos… la tarea resulta bastante más extenuante que la de escribir.
Decides que sólo vas a mandar manuscritos originales por correo electrónico, así sólo gastarás tu esfuerzo y tu tiempo. Poco a poco, empiezas a conocer editoriales que publican bajo demanda, y otras, que únicamente lo hacen en soporte digital.
Tú, como lector empedernido que eres —veneras el libro como objeto y te cuesta leer en una pantalla—, preferirías publicar en papel, pero eres consciente de que no tienes muchas otras oportunidades; y, quizá, el ebook sea el futuro, como muchos vaticinan en Internet.
Sí, el mundo editorial va a cambiar, radicalmente, y en menos tiempo de lo que imaginamos, proclaman algunos agoreros o iluminados —según se mire.
Empiezas a mandar tus tres novelas, a toda editorial que se precie de serlo. No te importa que no vayas a cobrar un duro, sólo quieres ver tu obra editada. También mandas relatos a los concursos que afloran en Internet.
Pasan más años todavía, y tú sigues intentando publicar, aunque ya sin fe; es sólo una cuestión de inercia.
Por fin, después de muchas negativas, recibes unos cuantos correos electrónicos positivos. Pero aún queda mucho recorrido por hacer.
Sufres un par de desengaño. Otra vez tú inexperiencia y tus ganas de publicar te llevan a tomar decisiones precipitadas. Aprendes que no vale cualquier cosa, que tienes que meditar más, y que no te puedes lanzar, a la menor oportunidad que se te presenta de publicar, como si fuera a ser la última.
Te exiges calma.
Tratas de huir de las editoriales que te piden dinero por publicar bajo su sello. Sigues cometiendo muchos errores… demasiados. Porque te sigues sintiendo tan ciego como cuando tomaste la maldita decisión de publicar.
Les cuentas las penas a tus amigos más próximos, pero ellos no son escritores, y lo máximo que pueden hacer es tratar de animarte y darte una palmadita en la espalda.
Tras otra nueva crisis de fe, tu suerte cambia… al menos, en lo que se refiere a la literatura.
Cuando estás a punto de mandarlo todo a paseo, después de haber pasado dieciséis horas currando en festivo -sabiendo que en días te quedas sin trabajo- y perderte por la niebla en coche -historia digna de contarse-, llegas a casa y te enteras de que has sido uno de los ganadores de un premio de relatos. No tienes mucho tiempo para digerirlo, porque en cuestión de tres horas, tienes que emprender de nuevo una jornada laborar de dieciséis horas, y no has dormido nada.
Al día siguiente, que ya no trabajas, recibes elogios de gente que lleva en esto mucho tiempo.
El premio es la publicación de tu relato en una editorial de las de verdad. Sí, va a salir publicado en una antología, y el libro estará a disposición de la gente en librerías y grandes superficies comerciales. Además, aunque parece que no van a salir nunca, firmas un par de contratos —en uno sientes que te has equivocado al firmar (y esperas no arrepentirte más adelante)—; en el segundo, das con un buen editor, que va con la verdad por delante, y esperas la inminente publicación de tus novelas en ebook. No es papel, pero ya qué importa.
Henchido de ánimo, pasas a los agradecimientos. Le das las gracias a quienes intercambiaron un par de correos electrónico, cuando estabas en horas bajas, y que no tenía por qué. Como un fantástico escritor español —que tiene más de 19 novelas publicadas y lleva bregando mucho tiempo en este mundillo—; o un par de editores —que tratan de poner su granito de arena y facilitar al nacimiento de nuevos literatos del terror, la ciencia ficción y el fantástico—. Le agadeces las palabras de ánimo y un par de buenos consejos que te brindaron, que no habías tenido hasta ahora, y que te valieron de mucho, y que ojalá los hubieses conocido antes.
Por fin, sí… por fin. Empiezas a ver que realmente empiezas a recoger frutos.

Como has conseguido publicar profesionalmente —aunque los libros no estén todavía disponibles en las librería o en las tiendas de Internet—, te apresuras a mandar un correo electrónico a “Nocte”. Una asociación española de escritores de terror, que has descubierto, de forma casual, y cuyo principal requisito, para pertenecer a ella, es haber publicado con alguna de las editoriales profesionales. No vale la autoedición.
Mandas tu candidatura, esperando que te digan que lo intentes cuando tengas una trayectoria de verdad; o al menos, tu libro esté en la calle.
Pasa el tiempo, y tú sigues intentando no volver a sentirte pesimista, pues, todo lo que iba a salir publicado, comienza a retrasarse, mientras sigues moviendo la novela que aún no has logrado colocar; a pesar de que, para ti, es la mejor de todas las que has escrito.
Cuando menos lo esperas, te llega un correo electrónico, diciéndote que has sido aceptado en “Nocte”, y te inunda una sensación indescriptible: una mezcla de alegría exultante, incredulidad, ansiedad, vértigo y un extraño sentimiento de “quizá me lo merezca” —poco habitual en ti.
Casi al mismo tiempo, recibes otra noticia inesperada y que te llena de alegría, el alma máter de una magnífica revista de cine fantástico, te envía un correo electrónico, para preguntarte, si quieres colaborar, y unirte al equipo de redacción de una nueva revista digital que piensan sacar.
Si no fuera porque hace poco más de un mes, has perdido tu trabajo y el futuro laboral se vislumbra poco halagüeño, tendrías la impresión de que todo es un sueño maravilloso.
Siguiendo las indicaciones de uno de los grandes del terror patrio —y presidente de la asociación—, David Jasso, realizas los pasos necesarios para entrar en la lista de correo, que sirve como columna vertebral de la asociación.
Tu intención inicial es entrar de puntillas, con la idea de empaparte de todas las experiencias y consejos de tus compañeros —la mayoría con más tablas en el mundo editorial que tú—. Pero el entusiasmo y las ganas de colaborar, te llevan a destacar más de lo que te hubiese gustado. Aunque te propones lo contrario, te cuesta no ser un elemento activo de la asociación. Sientes la necesidad de colaborar para conseguir que “Nocte” esté donde crees que se merece.
Pronto, encuentras algo que hacer. Vas a redactar contenidos para la web oficial de la asociación.
Te sorprende que tu exceso de entusiasmo y aporte de ideas —al igual que los de algún compañero que han sido admitidos contigo—, no sólo no molesten a los socios más curtidos; sino que, ellos, os animan a no cortaros a la hora de proponer y de hacer, por muy locas que puedan parecer las cosas que decís.
Como no tienes tiempo para leer y escribir el artículo que quieres redactar, que versa sobre un compañero, quien se ha prestado a dejarte su novela, para que puedas confeccionar tu primer contenido para la web; decides tratar de dar una respuesta a la pregunta que todos tus amigos te hacen, después de leer tu blog y felicitarte:
Pero, eso de “Nocte”, ¿qué es?
Roberto J. Rodríguez