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La ecología del mal: medioambiente zombi

Miércoles, marzo 30th, 2011

Una reflexión surgida de las brumas del sueño e inspirada, no tengo duda, por las novelas de Manel Loureiro. Hay quien dice que los zombis son los enemigos sin cerebro. A mí se me aparecieron, más bien, como un ecosistema hostil, como un sistema cerrado con sus propias inercias.

Esta noche he soñado con zombis. Esta noche, más bien, he soñado que estaba dentro de una historia de zombis. La perspectiva en primera persona me ha hecho levantarme con una extraña reflexión martilleándome el cráneo que no sé, lo reconozco, si sobrevivirá a las luces de la vigilia. En cualquier caso, nada se pierde por dejarla por escrito.

He oído en alguna conferencia y leído en algún foro que los zombis son un monstruo muy contemporáneo porque es un enemigo con el que no se puede razonar. A priori me parece una buena teoría, y confieso que, en muchos aspectos, no le veo fisuras. Para mí, no obstante, el zombi siempre ha sido la alienación de la sociedad llevada al extremo, y su plaga una extrapolación en la que unas personas siguen manteniendo la perspectiva y otras se han abandonado al consumo desenfrenado (de carne): ya no piensan, ya no necesitan más (demonios, están muertos), pero siguen avanzando implacables como heraldos de la sinrazón; de repente, tu vecino está en otra onda que, además, te resulta nociva. Me parecía una interpretación también muy contemporánea del tema y una explicación de por qué nos tocaba de un modo tan particular.

Me permito un inciso: no es que sea de quienes piensan que toda la literatura funciona en tanto que metáfora. Soy plenamente consciente de que, en primera instancia, las historias de zombis gustan porque tienen tensión, aventuras, desafíos y un largo y siniestro etcétera. No obstante, creo que sí que hay ecos que hacen que ciertos enfoques encajen más o menos con el lector, y de ahí viene lo de buscar filones subyacentes en los subgéneros: si en la época victoriana andaban locos explorando nuevos territorios, es normal que les inquietase el terror venido de oriente a corromper sus costumbres (Drácula); actualmente, pues zombis.

Y así volvemos a mi sueño peregrino de esta noche, donde los zombis no eran ni terroristas con los que no se puede razonar (el enemigo testarudo e irracional) ni consumidores desaforados (los alienados asimilados por una sociedad sin norte). Eran, simplemente, un ecosistema maligno.

Esta lectura (o visionado, porque era como una película) me ha resultado muy enriquecedora. En primer lugar, porque la inercia del sistema era muy interesante: los zombis se mueven en busca de carne y cerebros por la presencia humana. Es decir, el ser humano perturba el equilibrio del sistema generando con su visita el medio hostil; si no atravesara esa ciudad abandonada, el zombi se quedaría dando cabezazos contra una puerta. Es más, el propio ser humano es el que crea el entorno hostil a priori en la mayor parte de estas historias, generalmente desatando en el medio ambiente una sustancia artificial con la que destruye el equilibrio natural (y no es tan absurdo el concepto: tenemos el ejemplo de las mutaciones creadas por medicamentos vertidos en aguas fluviales).

El tema, como resulta obvio, es también muy propio de nuestros días: no sabemos convivir con el medioambiente y nosotros mismos lo degeneramos hasta que nos resulta nocivo. En el lote entran enfoques variados, desde las lluvias ácidas y los desiertos nucleares a las reacciones de una vengativa Madre Tierra (así, con mayúsculas) que anhelan los revanchistas. El enfoque zombi, no obstante, es particularmente sangrante, porque hace responsable directo al ser humano, quien además propaga la plaga (las palomas zombis de Zombie Island eran más kitch que efectivas), y porque, además, pone un rostro al fenómeno, lo humaniza para aumentar el horror. Es particularmente interesante ver que, además, se establece como presa natural del depredador de ultratumba el mismo ser humano: otros animales, dependiendo de las explicaciones del autor, quedan más o menos fuera de la ecuación.

Los paralelismos con un ecosistema herido no terminan ahí. Como en las historias de aventuras que se emplazaron en territorios hostiles o ignotos, como En el país de las pieles, de Julio Verne, en las historias de zombis redescubrimos la importancia de los recursos “naturales”, que entrecomillo porque en un mundo que se ha ido al garete, donde los urbanitas vuelven a la tierra y las ciudades en ruinas son los nuevos páramos, “natural” engloba las latas de conserva, la gasolina de los depósitos, los medicamentos ya fabricados, etc. Son narraciones en las que, de nuevo, el consumista se responsabiliza. De acuerdo que no con una mentalidad ecologista -la inercia del sistema, con la desaparición de la mayor parte de la gente y la transformación de los ausentes en zombis, está totalmente desquiciada-, sino con una utilitarista, pero no deja de ser cierto que obliga a que el ciudadano de a pie se responsabilice y apechugue con las consecuencias y los “pecados” de su civilización. Son historias que hablan más de sostenibilidad que de fuentes renovables, pero es imposible no prestar atención a este detalle cuando, con la sobreproducción que vivimos, sería plausible, al menos a corto plazo, que se estableciera un sistema de carroñeros más que de pioneros colonos.

Sí, lo sé, es una reflexión bastante peregrina, y, como digo, soy plenamente consciente de que la literatura no funciona por lecturas subyacentes ni por profundidades metafóricas. Pero si esa impresión de que hay ciertos ecos que tocan al lector por sus circunstancias y filosofía tiene algo de cierto, creo que la racionalización de los zombis como un ecosistema herido -y hostil- no es absurda en absoluto, sino más inquietante y, en definitiva, un reflejo de una de las inquietudes de nuestro tiempo.

Juan Ángel Laguna Edroso


A la venta ‘Y pese a todo…’, la última novela de Juan de Dios Garduño

Miércoles, julio 7th, 2010

Ya está a la venta la esperada novela de terror ‘Y pese a todo…’, del escritor español Juan de Dios Garduño, miembro de la Asociación Española de Escritores de Terror Nocte.

Esta historia, publicada por Dolmen Editorial dentro de su Línea Z (dedicada a los zombis), ha sido catalogada como “terror español al más puro estilo Stephen King”. Y es que los zombis de Garduño no son como los que conocíamos hasta ahora…
La trama es de lo más actual: durante el mandato del presidente Obama, Estados Unidos tiene constancia de que Irán va a cometer un ataque contra sus bases en territorio aliado. Ante la estupefacción del mundo entero le declara la guerra. Rusia y China se alían con Irán; Gran Bretaña e Israel con los americanos y, así, país por país, todos toman parte en la 3ª Guerra Mundial.
En pleno enfrentamiento, y ante la devastación que producen las armas nucleares, los rivales deciden utilizar las armas químicas, más baratas y más fáciles de fabricar. Se crean nuevas cepas de virus ya existentes, utilizando el ADN recombinante y extinguiendo así a casi toda la población mundial.
En la ciudad de Bangor, Maine, sólo sobreviven tres personas: Peter, su pequeña hija y Patrick Sthendall, su odiado vecino. En una población totalmente nevada, gobernada por temperaturas que bajan de los diez grados bajo cero, los dos hombres se enfrentarán a algo más que al odio que sienten el uno hacia el otro. Unos visitantes con los que no contaban…

La imagen de cubierta ha sido realizada por el ilustrador Alejandro Colucci.


Antología Z 2 – Especial NOCTE

Martes, mayo 11th, 2010

Son seres abyectos, depravados, oscuros… Vagan por la vida sin rumbo ni destino. Les encanta la sangre y se alimentan del miedo: son los autores que conforman Nocte, la Asociación Española de Escritores de Terror. Y ahora han unido sus fuerzas para narrar historias de otros seres todavía más amenazantes: los zombis. Dieciocho autores, dieciocho historias y otros tantos puntos de vista sobre una figura mítica del terror moderno.
Los mejores escritores de terror de nuestro país nos presentan el enfoque más atrevido, innovador y aterrador de las historias de zombis.
Deja que la carne fresca rezume de entre las páginas y empápate de buena literatura teñida de rojo. Pero ten cuidado, puede que quedes infectado por el virus del miedo.
Álvaro Fuentes se ha encargado de seleccionar estos relatos, a los que José Carlos Somoza se ha encargado de prologar.

Los escritores de terror de España se ha unido para sacar adelante un proyecto de muerte. En breve, toda España se estremecerá y correrá a dar el primer bocado a este suculento manjar literario de terror.